1 de abril de 2015

AXEL CAPRILES: VENEZUELA VIVE UN PELIGROSO ESTADO DE POSTRACIÓN



Por: Omar Lugo
Fuente: elestimulo.com/blog

El doctor en Ciencias Económicas, psicólogo social Axel Capriles
En términos de béisbol, estaríamos en tres y dos, viviendo la crispación de una sociedad empobrecida y bajo un gobierno totalitario, una sociedad que para colmo ha perdido la capacidad de impresionarse y de reaccionar.

“En este momento la sociedad venezolana está en un estado de perplejidad e irritabilidad tremendo. Es uno de esos momentos en la vida de un país, de una sociedad donde se están dando transformaciones profundas y no se sabe todavía a dónde vamos”, dice en una reciente entrevista transmitida por el canal El Venezolano TV.

“En Venezuela hemos pasado la raya del desorden para vivir en la anarquía. Ya estamos en un estado de anomia. Una situación social donde los grupos no se someten a las normas de las leyes. Se han roto aquellos principios que pueden cohesionar y dar sentido de pertenencia a una sociedad”, afirma.

“Eso puede ser muy peligroso y es lo que estamos viviendo”. Cuando ves los índices de criminalidad en Venezuela en general estás viendo un proceso profundo de descomposición social, una verdadera desintegración, en la que se ha perdido a pasos acelerados el capital social, que es el conjunto de valores compartidos, de confianza, entre los miembros de una sociedad. “Hemos tenido una pérdida sustancial, ha habido una gran transformación del venezolano, un cambio importante”.

Más de 16 años de gobierno chavista junto con la actual situación económica y social están llevando a una reevaluación del venezolano con respecto a sí mismo. “Nos estamos preguntando quienes somos”, dice sobre esta especie de barajeo en el tablero de la identidad del venezolano.

“No tenemos la imagen del país que teníamos en el pasado” y hay una cantidad de factores a través de los cuales se crea la identidad de los pueblos, la identidad nacional y “esos moldes todos están siendo cambiados”, señala.

Hechos hoy cotidianos como la escasez y las colas reflejan el resultado de un proceso económico y político que nos ha llevado a esta Venezuela de hoy.

Cuando una sociedad pierde capacidad de impresionarse, entra en un estado de insumisión.

“Estamos viendo una normalización, la patología, hay conductas enfermas repitiéndose hasta en los aspectos cualitativos de la delincuencia que estamos aceptando como normal”, dice sobre las decenas de asesinatos semanales en el país y los sucesivos hechos de corrupción que apenas si despiertan algunos comentarios en un pueblo que parece haber perdido la capacidad de impresionarse.

“En multitud de aspectos nos hemos ido acostumbrando. Tenemos 15 años de hiperinflación y lo tomamos como algo normal. Nos hemos venido acostumbrando a todo. Ese ha sido el principal problema y el método chavista para lograr la sumisión de la población”, afirma sobre este proceso de fragmentación de la sociedad.

Afirma que al chavismo le ha tomado 16 años para mostrarse como lo que es y quitarse la máscara: “ siempre fue un totalitarismo y una dictadura de viejo cuño. La gente ha venido acostumbrándose un poquito menos a la libertad, con un poquito menos de periódicos disponibles, menos programas televisivos que pueda decir la verdad, menos programas de radio. Es un método paulatino de aproximación sucesiva”.

“Esta situación va mucho más allá de la penuria, de la dificultad para encontrar algunos productos básicos, porque cuestiona parte de nuestra identidad”, dice al recordar que generaciones de venezolanos crecieron bajo una psicología de la abundancia.

Esa cultura de una tierra de oportunidades fue justamente la que nos convirtió en un país anhelado por olas de inmigrantes. Ellos vinieron a dar su parte en la formación de esta nación que hoy ve como sus hijos se marchan al extranjero en una diáspora constante.

“Venezuela siempre se sintió como un país rico. Y esa fue la idea: que nosotros podíamos hacerlo todo, que el petróleo daba para todo, que las riquezas naturales eran abundantes, éramos el país de las posibilidades, teníamos abierto el destino, el mundo. Esa imagen de la Venezuela posible, de la abundancia, rica, repentinamente se resquebrajó, se ha roto”, acotó.

Ahora la gente ha tenido que empezar a pensarse a sí misma y al país de una forma muy distinta, la de la escasez donde lo que importa son los límites, la planificación, las restricciones que no están en nuestra sicología caribeña.

Capriles no cree que estos sean cambios coyunturales o puntuales.

“Porque ha cambiado mucho la sociedad como tal y el tema petrolero va para largo. El petróleo ya no tiene el poder, la palanca que representó para la economía a lo largo el siglo 20”, señala sobre esta orfandad.

Así, además de que hemos perdido la palanca petrolera ha habido “un mal muy profundo de la revolución y que ya estaba presente, pero ahora se ha ido hasta el fondo”. Es el concepto de que solamente teníamos derechos, no teníamos deberes, de que los gobiernos tenían que darnos nuestra parte de esa renta petrolera.
“Eso se acentuó de una manera tal que la sociedad entera venezolana se acostumbró a vivir del Estado, de las dádivas de Estado. Se acostumbró a que tenía derecho a recibir todo sin necesidad de producirlo”, sentencia.

“Los venezolanos prácticamente no sabemos producir nada. Lo único que producimos es políticos. Transformar eso va a tomar varias generaciones, es el camino que tenemos por delante cuando se dé la posibilidad del cambio de gobierno”.

- A dónde vamos es la pregunta -
“La situación este año está tan alterada que no podemos predecir qué va a suceder. En este momento no hay un liderazgo alternativo lo suficientemente fuerte aglutinador para lograr convertir el descontento general, popular, que es mayoritario, en una fuerza política que vaya en un camino hacia un objetivo determinado”, dice al observar que esa oposición no ha logrado capitalizar ese descontento de la población.

“En determinado momento se formará. La sociedad venezolana tiene recursos para construirse a sí misma y volver a salir de esa etapa regresiva en que caímos”, confía.

Por su parte, el gobierno es incapaz de tomar decisiones económicas correctas porque no las conoce y son contrarias a su visión del mundo, de la economía de la realidad “y no las va a tomar” .
Mientras, contrariando la Constitución Nacional, el gobierno de Maduro se ha creado un anillo para afincarse y blindarse en el poder, desmantelar la oposición y ponerle cara al gobierno represivo para gobernar con miedo.

Como va a tener aún menos popularidad y no va a cambiar sus políticas en medio de la grave crisis, va a dominar con miedo, con fuerza, con poder con militares, afirma.

“El gobierno ya tomó la decisión de radicalizarse porque la otra forma de mantenerse en el poder era dar un giro absoluto de 180 grados para tomar el camino de la recuperación de la economía nacional. Pero eso no lo va a hacer porque lo único que le importó a la revolución es mantener el poder, no importa que reines en un país destruido con tal de que reines”.

“Sin el recurso económico ni la popularidad ha tenido que recurrir a la coerción y a la fuerza”.

Estamos observando una suerte de parálisis social. Vemos disgusto en la población, pero que aparece en la forma de pequeños estallidos. No hay algo que se esté ordenando en una dirección determinada, opina.

“Precisamente, cuando el presidente habla continuamente de guerras, lo que sí ha habido es una guerra sicológica para fracturar a la sociedad venezolana. Hemos estado sometidos durante 15 años a un grado de cinismo en el discurso público que nunca había sido visto en la historia venezolana” agrega.

Axel Capriles observa que el cinismo y la sicopatía de los gobernantes son rasgos habituales en estas personas, que han sido retratados hasta en películas. “Pero lo que hemos visto en Venezuela es de una desfachatez tan grande que ha servido para un quiebre en la coherencia, en la estabilidad mental del venezolano”.

Un doble mensaje continuo y contradictorio por parte del gobierno habla de paz mientras está arremetiendo con vándalos encapuchados y sus mensajes permanentes son de que esta es una revolución pacífica pero armada.

“Tenemos una sociedad entera sometida a un mensaje ambivalente, polar, el doble vínculo continuamente, se va creando una condición mental que es la que estamos viendo que es la ambivalencia afectiva”, explica.
Capriles, un estudioso de los arquetipos del gentilicio venezolano, afirma que en un momento del pasado el país intentaba buscar el camino hacia una sociedad más ordenada, con instituciones fortalecidas y mayor conciencia de los derechos y deberes civiles de los ciudadanos, más civilizada que podía ser capaz de superar al vivo, al pájaro bravo.

“Lo que hemos visto con la revolución bolivariana es una regresión en la que estamos volviendo a nuestros arquetipos básicos y hoy más que nunca vuelven a estar vigentes Tío Tigre y Tío Conejo”, señala Capriles en alusión a uno de sus libros más famosos sobre la viveza criolla.

Tío tigre es el poder brutal, arbitrario, que hace lo que le da la gana porque él tiene la fuerza. Tío Conejo es el pueblo débil, la persona que no tiene quien la proteja, no tiene hospitales, no tiene justicia y solamente depende para sobrevivir de su viveza y de su astucia. “El pícaro vuelve a estar más vigente que nunca en esta sociedad venezolana”.

También comenta la dualidad del venezolano que emigra e intenta insertarse en otras sociedades.

Es este venezolano que tiene dos caras: una moderna, contemporánea, civilmente hábil, es profesionalmente preparado, capaz. La otra cara es muy atávica, burda, muy atada a nuestro pasado, a esa sociedad tradicional. “Cargamos las dos. Por un lado en el exterior nos chocan los límites de las instituciones, la norma. Pero admiramos los beneficios que da una sociedad sometida al imperio de la Ley y tendemos a acostumbrarnos. Se necesita un proceso de adaptación”.

“La emigración es fundamental. Los venezolanos aquí viven una crisis permanente y mantienen la fantasía de la emigración. Es un dilema íntimo, porque tenemos un instinto de territorialidad fuerte y nos es difícil esa adaptación externa”.


10 de febrero de 2015

< LA TUMBA >, SIETE CELDAS DE TORTURA EN EL CORAZÓN DE CARACAS

Por: Ludmila Vinogradoff


Edificio: del SEBIN Cinco pisos bajo tierra estan las celdas "La Tumba"
«La tumba» no es el nombre de una película de terror pero podría serlo por el horror al que se ven sometidos los estudiantes y presos políticos venezolanos encerrados bajo condiciones infrahumanas en reducidas celdas de dos por tres metros, sin ventanas ni baño, situadas en el nuevo edificio del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, Sebin, que la policía política usa para torturar a los opositores.
El primero en denunciar internacionalmente la existencia de «la tumba» fue el expresidente de Colombia Andrés Pastrana la semana pasada durante su fallida visita al líder Leopoldo López en la cárcel militar de Ramo Verde.  

«"La tumba" está situada cinco pisos bajo tierra»

En sus declaraciones a la prensa colombiana, Pastrana aseguró que «en Venezuela hay 83 presos políticos y casos aberrantes como son los de las tumbas, a cinco pisos bajo tierra con aire acondicionado a temperaturas por debajo de cero, donde meten a estudiantes que protestan y que no ven la luz en tres y cuatro meses».
Tamara Sujú Roa, una abogada defensora de los derechos humanos, miembro de la ONG Foro Penal Venezolano, describía hace unos días el lugar en detalle en el semanario «La Razón». 

Sin luz, ni aire natural

La prisión de siete celdas pequeñas, conocida como «la tumba», está situada en su sede de la Plaza Venezuela de Caracas. En el sótano quinto se hallan recluidos desde hace más de cinco meses tres jóvenes estudiantes: Lorent Saleh, Gabriel Valles y Gerardo Carrero por protestar contra el gobierno de Maduro

En su relato la abogada sintió claustrofobia al visitar la prisión. «En “la tumba”, cinco pisos por debajo de la superficie, no hay sonidos, no hay ventanas, no hay luz natural ni ventilación. Solo se escucha el paso del Metro, encima de la cabeza. Las siete celdas de dos por tres metros están alineadas de forma continua, una detrás de la otra, por lo que los detenidos no pueden verse. Piso y paredes blancas, rejas grises, con una apertura por donde les meten la comida. Cama de cemento blanco, mesa de cemento blanco. Los detenidos pasan las 24 horas del día encerrados vigilados por cámaras y micrófonos. Sólo estiran las piernas cuando tocan un timbre interno para ir al baño, y hay veces en que no los sacan, por lo que tienen un bote (vacinica) previsto para esa emergencia. No hay otro color. Sólo blanco y gris. No hay sonido, sólo sus voces, no hay ni sol, ni luna, ni tiempo, porque no tienen reloj, por lo que no tienen noción de la hora, y no se saben si realmente es de día o es de noche».

«Los detenidos sufren diarreas, vómitos, fiebre y alucinaciones»

Los familiares y abogados de los tres estudiantes: Carrero, Saleh y Valles han denunciado en el primer mes de reclusión que los jóvenes ni siquiera podían dormir porque la luz blanca permanecía encendida las 24 horas del día, y el aire acondicionado lo ponían a muy baja temperatura, como un frigorífico. Los detenidos saben que es de noche cuando les apagan la luz, pero «el aire acondicionado a cero grados funge como mecanismo de tortura, es decir, cuando quieren castigarlos, se lo ponen bien frío. Comen en el suelo, sentados en el pequeño espacio que queda entre la cama y la reja. 

Visten uniforme caqui, y sólo pueden usar su ropa en la hora de visita. Sólo tienen permitido que los vean dos personas cuyos nombres ellos dieron cuando llegaron allí. Al principio, no les permitieron la visita de los abogados durante más de un mes. Todos han estado enfermos. Diarreas, vómitos, fiebre alta y alucinaciones. Un médico del Sebin les receta algún medicamento que ingieren con temor», subraya Sujú.

Y añade: «El aislamiento de estos jóvenes, día tras día, mes tras mes, termina siendo desquiciante. Sólo los han sacado al exterior tres veces, por una hora, en cinco meses. Todos están muy pálidos, obviamente, además las secuelas que deja la falta de vitamina D. Se les permiten libros, aprobados por los custodios, pero no tienen acceso a prensa, ni a noticias de ningún tipo».

«La tortura blanca pretende acabar con la voluntad de los detenidos»
El abogado Omar Mora Tosta, director de la ONG «Justicia y Proceso», señala que en «la tumba» los carceleros practican la «tortura blanca» o la «muerte blanca», que acaba quebrando la voluntad de los detenidos para obligarlos a firmar documentos en los que se declaran culpables y comprometen a terceras personas. Hasta ahora los detenidos han resistido las torturas y no han firmado ninguna declaración, asegura el abogado Mora. También refiere que para distraerse los jóvenes se la pasan quitando y poniendo calcetines como una manera de ejercitar la mente.





6 de febrero de 2015

Papel Tualé: Alternativas para suplir su ausencia

Por Rubén Monasterios
Fuente: Prodavinci.com

Tengo la convicción de cumplir con un deber de solidaridad patriótica con mis conciudadanos al divulgar algunos procedimientos destinados a suplir la ausencia del papel tualé.

La solución tradicional en un ambiente de miseria, es el papel periódico. Es la adoptada por los cubanos. La carencia del producto es uno de sus crónicos agobios. De ahí que, al favorecer la escasez del papel tualé en Venezuela, el gobierno doméstico sea fiel a su política de imitar a la metrópoli caribeña, porque usarlo es, naturalmente, un hábito burgués. El problema con esta solución es que el papel periódico también es un bien escaso en Venezuela.

En la isla, cuando se consigue, por un paquete de cuatro rollos deben pagarse 28 pesos. Aproximadamente el equivalente al sueldo de dos días del trabajador promedio. No por otra razón los náufragos del Mar de la Felicidad lo sustituyen por el periódico oficial Granma. Sus ejemplares cuestan apenas 20 centavos, sea el del día o números viejos, y no debe sorprender que su precio sea idéntico “porque todos se usan para el mismo propósito”, dice un informante que pide no ser identificado “para evitarse problemas con las autoridades”.

Granma abunda en Cuba, y hasta regalado se consigue; no obstante, para limpiarse los residuos del bolo fecal, los cubanos prefieren las revistas chinas, cuyo papel es más suave. Estas publicaciones representan una opción importante para los venezolanos puestos en las mismas circunstancias, por cuanto se anticipa una avalancha de ellas con la novísima sumisión del gobierno nacional al imperialismo chino.

Y a propósito de los chinos, fueron ellos los primeros humanos en usar papel para limpiarse, a partir de su invención por el eunuco Kai Lun, en el siglo II d.C. El manufacturado a partir de residuos de seda estaba reservado al emperador; los demás chinos lo hacían con papel proveniente de cáñamo. 

De convertirse China en nuestro proveedor de papel tualé, seguramente será este el que nos suministre, porque todo cuanto exportan los chinos es de dudosa calidad. No es una opción recomendable, porque el papel tualé de cáñamo deja el culo como la rosa púrpura del Cairo.

En tiempos más remotos, los romanos se valían de esponjas marinas. En toda letrina pública había varias de ellas adheridas a un palo. Cada persona debía lavarla en un recipiente de agua dispuesto a tal efecto, como gesto de cortesía hacia el próximo usuario. La esponja es, en consecuencia, otra posibilidad de los venezolanos para suplir el ansiado producto. Por suerte, el país cuenta con kilómetros de costas marinas.

Con el correr del tiempo cambiaron las prácticas higiénicas; en la Edad Media desaparecieron las letrinas y la gente hacia sus necesidades fisiológicas en vasijas, se limpiaba con la mano y como complemento lanzaba los resultados por la ventana, acompañando la acción con la advertencia a leco herido de “¡Agua va!”, y que se jodiera el transeúnte que no se apartara con premura.

Fuera de toda duda, la mano es el recurso más primitivo y económico para limpiarse, y en tal sentido viene a ser cónsono con la involución cultural y la miseria de los venezolanos de la actualidad. Da asco, lo admito, pero uno se acostumbra a todo. ¿Acaso no nos hemos acostumbrado a cosas peores? Sugiero, tratándose de esta opción, seguir la tradición árabe consistente en reservar la mano izquierda a tal efecto y la derecha para comer y otros usos.

Nuestros remotos antepasados cavernícolas no se limpiaban el trasero; según una hipótesis de los paleoetnólogos, esa necesidad viene con la evolución. Al perder el pelo corporal el hombre tuvo que cubrirse con pieles y tejidos. Consecuencia de ese proceso fue el desarrollo de hábitos de aseo personal relacionados con las descargas orgánicas; en tal sentido se hizo indispensable despojarse de la ropa para llevarlas a cabo y limpiarse a propósito de evitar impregnar el vestido con los residuos de sus excrecencias.

En el contexto de la cultura del maíz, cuando ni letrinas ni bacinillas había, la gente simplemente se dejaba ir por ahí, detrás de unas breñas, y se limpiaba con una tusa de la mazorca. En Venezuela, un país en el área de esa cultura, hay tusas de sobra; empapadas en agua, son una alternativa plausible para el aseo posevacuativo.

El problema radica en que si el gobierno culmina el abuso de cogerse las acosadas empresas ocupadas en procesar el maíz para hacer la harina pan, no habrá quien lo haga, y escasearán las tusas sobrantes de su elaboración. Y aquello de limpiarse con la mazorca entera, resulta a todas luces doloroso; y con las hojas de la planta, sería un culisuicidio. Más o menos equivalente al harakiri japonés hecho al revés, porque cortan como un cuchillo.


En otros ambientes se usaba cualquier hoja vegetal del entorno a la que uno podía echar mano. Quizá a eso llegaremos. ¡Ojalá que las únicas disponibles para quienes nos ha llevado a este desastre sean las de ortiga!

4 de diciembre de 2014

Editorial SIC 770: Pactemos por la vida

Fuente: Editorial de la revista SIC 770. Diciembre 2014.

En nuestro país el derecho a la vida no está dado como supuesto; es algo que necesitamos pactar y respetar, es el principal acuerdo social al que debemos llegar. Cualquier construcción sin este mínimo fundamental sería edificar en el vacío. El respeto por la sacralidad de la vida, fundamento de toda convivencia humana, es un anhelo, un clamor, una súplica constante a Dios. Clamor que ha de movilizar nuestra voluntad a salir de nuestros miedos y a actuar a favor de una convivencia pacífica. El miedo es un vehículo de impunidad, si nos encerramos en sus límites, nos desbarrancamos como sociedad. Estamos al borde. Es hora de pactar la vida y detener el fratricidio. El país nos convoca.
Escalofriantes indicadores
El informe de Provea de 2013, utilizando las cifras del Cicpc, da cuenta de 24 mil 230 muertes violentas. Es como si se llenara de víctimas un estadio  de béisbol profesional,  lo que equivale, en promedio, a un asesinato cada 22 minutos.
Son cifras de un país en guerra. Sabemos que los datos oficiales no dan cuenta cabal de toda la realidad, aun así, los indicadores son escalofriantes y la tendencia  ascendente: en 2009 fueron 20 mil 875;  2010, 21 mil 080; 2011, 21 mil 866; 2012, 24 mil 057; 2013, 24 mil 230. Lamentablemente, 2014 apunta a ser el año más violento. Ante esta tragedia nacional, la decisión del Gobierno ha sido, ya no la de maquillar los números, sino la de no informar y ocultar restringiendo el acceso a la información pública, y  comprando y controlando a los medios.
A todos estos indicadores se agrega la violencia política. El primer semestre de 2014 estuvo signado por la irracional confrontación entre los actores de la salida y la fuerza pública, con saldos de muertes, torturas, prisioneros políticos, desorden público, destrucción de infraestructuras y una atmósfera de miedo e incertidumbre. En el segundo semestre hemos sido espectadores de una  guerra a muerte entre colectivos armados y el Cicpc, punta del iceberg de un conflicto intestino por el poder entre personeros y grupos que conforman elestablishment revolucionario. Al parecer un reacomodo sangriento, con masacres.

Cotidianidad amenazada
La violencia afecta todas las dimensiones de la convivencia cotidiana. Los horarios han quedado restringidos trastocando las agendas personales y grupales; en muchos casos las fiestas familiares y sociales se han reducido a almuerzos y a meriendas porque las noches entrañan mayor riesgo. Los horarios comerciales se han acortado; se suele comenzar más tarde la jornada y bajar la santamaría más temprano. Los espacios públicos para caminar y pasear son limitados porque el miedo fundado impone el toque de queda. El transporte público urbano está acosado constantemente por sujetos que asaltan y roban. Viajar por autobús  extraurbano es siempre una aventura porque la unidad puede ser interceptada por la delincuencia organizada que opera en las carreteras y tiene parcelada la geografía nacional.  En el barrio, la calle –lugar de encuentro y convivencia– ha ido quedando a merced de los capos del microtráfico.  Es grave la constatación de estas dinámicas en los centros educativos y en los hospitales donde ocurren entradas de grupos delictivos e irregulares armados al interior de los centros, en los que no hay controles de seguridad ni presencia policial. Se añaden a estos indicadores la extorción y el secuestro dirigido desde las cárceles y, muchas veces, en complicidad con los cuerpos policiales quienes  tienen, en teoría,  la tarea de garantizar la seguridad ciudadana. También se suma el aumento, cada vez más alarmante, de asesinatos de efectivos policiales en manos de la delincuencia organizada.
 Negligencia estatal
El Estado no está asumiendo su responsabilidad más básica: garantizar, proteger y cuidar la vida de todos los venezolanos. El Gobierno ha dado señales claras de no estar dispuesto a acometer la tarea de revertir  la dinámica de la impunidad, que pasa como mínimo por una reforma del Poder Judicial, del sistema penitenciario, por la autonomía de los poderes públicos, el desarme de los colectivos armados y la sociedad en general, entre otros.
El ciudadano de a pie se siente desprotegido, con miedo, sin esperanza de que se haga justicia. Hay un clima social generalizado de orfandad respecto al Estado, cuyo gobierno, en su pretensión omniabarcante y omnipresente, se ha desvinculado decididamente de los problemas reales del país, invirtiendo todas sus energías y recursos en la conservación cosificada del poder, haciendo de las instituciones un negocio privado, al servicio de los suyos. Y, aunque ya van más de veinte planes de seguridad anunciados de manera rimbombante, en cadena nacional, los resultados a favor del derecho a la vida y la convivencia pacífica, no cristalizan.
 Respuestas desde la gente
Lo primero que se tiene que decir es  que la saturación de hechos violentos es de tal calibre que, para poder vivir, la sociedad  tiende a naturalizar el fenómeno, lo cual es grave, porque nos vamos resignando a ver como normal algo monstruosamente anormal.
También, ante la impotencia, muchos caen en la tentación de hacer justicia por su  cuenta, alimentando dinámicas delincuenciales como el sicariato,  donde la vida del enemigo tiene un precio. Se sumerge así la víctima  en el círculo vicioso y deshumanizador del desquite y la venganza, haciéndose victimario.
Otros se refugian en su fe, y ponen en las manos de Dios su dolor, esperando, resignados, la justicia divina. El sector medio y popular profesional emigra a otras latitudes y culturas buscando un lugar donde se pueda vivir en paz.
También, de manera alternativa, hay testimonios emblemáticos de hombres y mujeres que procesando su dolor emprenden una denodada lucha, haciendo de sus heridas una fuente de solidaridad y perdón activo, convencidos de que el mal solo se vence a fuerza de bien.
Es justo reconocer los esfuerzos de las organizaciones de DDHH que en medio de los hostigamientos, señalamientos, el no acceso a la información, el miedo de la población a denunciar, mantienen un titánico esfuerzo al servicio de la defensa de la vida y tenacidad en la lucha contra el miedo y la impunidad.
Por otra parte, muchas de las protestas sociales han tenido como objeto la exigencia del respeto  a la vida; sin embargo, han sido de carácter reactivo e invisibilidades dado el control de los medios por parte del Gobierno. Urge crear una fuerza y movilización ciudadana desde la no violencia activa, capaz de incidir en un pacto real por la vida.
 Vamos, corramos a Belén
Somos, y tenemos que asumirlo, una sociedad gravemente enferma que ha ido perdiendo en sus relaciones cotidianas el mínimo básico requerido para convivir: el respeto a la vida.  Estamos en manos de una élite política que ha privatizado al Estado, poniéndolo al servicio de sus intereses particulares, de grupo, sirviéndose discrecionalmente de sus instituciones, profundizando la estructural y añeja impunidad. Pactar la vida supone una radical conversión.
Desde nuestra fe creemos que la vida es de Dios. Él nos la da. Nosotros tenemos que vivirla con dignidad, pero no podemos disponer de ella, ni de la nuestra ni de la de los demás. Por el contrario, tenemos que cuidar de la vida, tanto la nuestra como la de todos. Es la expresión más elemental de nuestra condición, no solo de hermanos, sino de criaturas e hijos del padre común, del Padre de nuestro Señor Jesucristo que en él, Hijo único de Dios y hermano universal, nos ha hecho hijos de Dios y hermanos unos de otros.

Hoy, en nuestro país, asumir y hacer un  pacto por la vida es la manera más profunda de vivir la navidad. Escuchemos el saludo del Ángel que nos dice: ¡No teman!  Y, como los pastores, vayamos, corramos a Belén, a reencontrarnos con la vida, ¡pactemos por la vida! Es la hora.

29 de noviembre de 2014

NEPOCRACIA = Absolutismo Democrático

Por: Jorge Mier Hoffman
Fuente: http://aserne.blogspot.com/

De todas las formas de Gobiernos, el Absolutismo es un modelo dictatorial donde las instituciones públicas, y por consiguiente la población, está secuestrada por una élite privilegiada que maneja el Estado a su antojo y de manera discrecional. Pero más aberrante es cuando ese absolutismo está legalizado, en las urnas electorales, para ostentar un privilegio celestial sólo reservados a las monarquías hereditarias, como lo es Perpetuarse en el poder con un entorno de familiares en el desempeño de los cargos públicos.

Es lo que yo llamo NEPOCRACIA, que deviene del “nepotismo familiar” en un proceso democrático, porque se ejerce por mandato Constitucional. Es decir, una monarquía democrática.

En la NEPOCRACIA no hay término del mandato, puesto que el elegido puede reelegirse una, dos, tres y tantas veces quiera, dilapidando los Fondos Públicos para perpetuarse en el Poder, y para que no haya control del gasto, los cargos de Auditoría son ocupados por su entorno familiar.

En la NEPOCRACIA no se premia el merito para ostentar a un cargo gerencial, y las empresas del Estado se manejan como un patrimonio personal.

En la NEPOCRACIA los cargos de alcaldes son heredados “electoralmente” por el cónyuge, hijos, hermanos y tíos, al mejor estilo de las monarquías hereditarias.

En la NEPOCRACIA, no hay “Moral Pública”, puesto que los funcionarios, con total impunidad, ostentan inmensas fortunas, y disponen de los bienes públicos para asuntos políticos, personales y familiares.

En la NEPOCRACIA no hay autonomía de poderes ni la institucionalidad, sino una discrecionalidad a favor del gobernante.

La NEPOCRACIA es una fórmula de la democracia que combatió el Libertador por ser contrario a la Doctrina Bolivariana: NEPOCRACIA = nepotismo + reelección + impunidad Frente al nepotismo de manejar el Gobierno como un asunto familiar junto al cónyuge, hijos, hermanos, dijo Simón Bolívar: “No se me acusará de haber elevado y puesto en los altos destinos del Estado a individuos de mi familia; al contrario, se me puede reprochar el haber sido injusto para con algunos de ellos que seguían la carrera militar. Por ejemplo: mi primer edecán Diego Ibarra (…) si no hubiera sido mi pariente, estuviera ahora de General en Jefe como otros que quizás han hecho menos que él (…) pero era mi pariente, mi amigo, estaba a mi lado, y esta circunstancias son causa de que no tenga uno de los primeros empleos en el ejército. Lo mismo que mi sobrino Anacleto Clemente que se ha quedado en el grado de Teniente Coronel… El modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados, aunque sean enemigos”

Con respecto a la reelección indefinida, que perpetúa a los servidores públicos en los cargos, dijo Bolívar:

“Las repetidas elecciones son esenciales en los Sistemas Populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder, el pueblo se acostumbra a obedecer y él se acostumbra a mandar…
Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, ese Estado no debería existir; y al fin no existiría”

Sobre la “Moral Pública” y la impunidad dijo Bolívar:

“La Hacienda Nacional no es de quien gobierna. Todos los depositarios de vuestros intereses deben demostraros el uso que han hecho de ellos. Es el deber de todo ciudadano vigilar sobre la legítima inversión de las rentas públicas en beneficio de la sociedad; y para el Gobierno nada será más útil ni más satisfactorio que corregir los abusos de la administración…

Que se publiquen los gastos y que se acuse a cuantos cometen faltas, sólo así todo se corregirá… Yo seré el primero”. Simón Bolívar

Invocar como argumento el “Poder Electoral” y el “Poder Popular” para justificar la NEPOCRACIA, es un cinismo inmoral, ya que el gobernante siempre tiene la ventaja de manejar el Gobierno, a su conveniencia, para así obtener una victoria electoral aplastante frente a los ilusos contrincantes políticos, lo que además incentiva el nepotismo y la corrupción para el logro de los objetivos electorales.

Combatir la NEPOCRACIA es: No Permitir la Reelección Inmediata ni el NEPOTISMO

Es la manera efectiva de combatir la corrupción, ya que el nuevo gobernante revisará las cuentas del funcionario saliente, quien deberá ser eficiente y efectivo en su gestión pública, porque sabe que no podrá ser reelegido.

Prohibir, constitucionalmente, la participación de familiares en la gestión pública del gobernante, junto con la “No reelección inmediata”, son los cambios que fortalecen las instituciones democráticas, en aquel país donde exista la NEPOCRACIO, pero que, lamentablemente, requieren que el país transite por el viacrucis de una ASAMBLEA CONSTITUYENTE para refundar la República.